Wimbledon es una parada diferente en el calendario. Esa mística que lo envuelve nos atrae desde que empezamos en este deporte. El aroma británico, el respeto a la tradición, el mimo por el detalle son aspectos que lo convierten en algo único para todos. Llegar a competir en sus pistas supone haber consolidado una carrera en el circuito, haberte ganado un privilegio como hay pocos en la competición profesional.

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