Un huracán. Eso fue España en el estreno del Mundial para desdicha de Canadá, abrasada por el juego ofensivo y resolutivo de la selección de Adrian Lock, tan atinada en los penalti-córners como acertada en las ofensivas. La historia decía que las canadienses aventajaban por seis a cuatro los duelos directos, que era una selección a tener en cuenta por más que fuera de corte defensivo. Pero España, que juega en casa (en Terrassa y ante unos 3.000 aficionados), dictó lo contrario. Y lo hizo a lo grande.

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