Los croatas surcaron la piscina como un comando de lobos marinos. Estaban en crisis. Estaban hambrientos, después de completar el segundo cuarto sin poder marcar un solo gol, y estaban a punto de experimentar los primeros síntomas del agotamiento que sorprende irremisiblemente a los nadadores corpulentos tras media hora de actividad frenética. Resueltos a sacar adelante el partido o naufragar allí mismo, se lanzaron a remontar el 5-3 sin más cartas en la baraja que sus grandes tiradores. A todos los detuvo el portero Unai Aguirre, con 19 años, consagrado en el agua de Budapest como el hombre que ganó la batalla decisiva y allanó el camino hacia la plata en el Mundial de waterpolo. Este domingo a las 20.00 (https://aquatics.eurovisionsports.tv/) España se medirá a Italia —la Bestia Negra por antonomasia— para intentar conquistar su tercer oro después de Perth 1998 y Fukuoka 2001.

