Ousmane Dembélé vive igual que juega, de manera que nunca se sabe de dónde viene ni a dónde va, ni cómo saldrá del último regate, ambidiestro como es. Una personalidad consecuente, a fin de cuentas, con la condición de agente libre que adquirió el jueves cuando acabó su contrato con el Barcelona. La última vez que abrió la boca fue hace una semana cuando un aficionado le interpeló en un semáforo para saber si ficharía por el Chelsea y su respuesta fue: “Soy feliz en el Barça”.

