Rafael Nadal coge aire, carga los carrillos y resopla con fuerza mientras el sudor le recorre las sienes y se dirige hacia el rincón. Ahí, viejo zorro, se gira y aprovecha la pausa para secarse e intercambiar un par de impresiones con su banquillo, donde su equipo frunce el ceño al unísono e intenta transmitirle paciencia porque enfrente hay un tenista revoltoso, bajito –1,75 son pocos centímetros en esto del tenis–, lituano y treintañero (32) que le exige ganarse todos y cada unos de los puntos que se dirimen este jueves en la central de Londres. Al final, el campeón de 22 grandes vuelve a resoplar, pero esta vez de alivio: 6-4, 6-4, 4-6 y 6-3, después de 3h 02m. Ahora bien, después de la sufrida victoria en el estreno contra Francisco Cerúndolo, se ha vuelto a topar con un hueso. Ricardas Berankis no venía de paseo.

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