<strong>Garbiñe Muguruza sentada en una silla en Wimbledon </strong>mientras se acariciaba un párpado al borde del llanto no era sólo una tenista, era <strong>una persona que no quería estar allí.</strong> Faltó un pintor para captar el instante y titular la obra: ‘Retrato de una profesional agobiada’.

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