El aire se carga de electricidad cuando Benedetta Pilato sube al autobús. Il bello Martinenghi hace un escorzo, los fisioterapeutas se agitan, los técnicos ríen y de entre el pasaje se escuchan chanzas humorísticas que hacen referencia al origen meridional de esta muchacha de 17 años, que sin quitarse las gafas de sol responde al revuelo con la sonrisa rozagante y el aplomo de quien se siente dueña absoluta de la situación. “¡Terrone…!”, la pica un compañero. “¡Vete a bailar la tarantela…!”. “¡Independencia para el Véneto ya…!”.

