Contrasta el bronceado mallorquín de Rafael Nadal con el blanco nuclear de su uniforme. El español, de 36 años, viene de completar la primera sesión de entrenamiento y de comer, y departe con los periodistas con los ojos ligeramente hinchados y vidriosos, como si acabara de amanecer. “Ayer los tenía cansados”, dice antes de volver a coger la raqueta a media tarde y terminar de pulir la jornada con una hora extra de ensayo, revés va y derecha viene. Le acompañan el técnico Francis Roig, el risueño Marc López y su sombra, el fisio Rafael Maymò. Transcurre la sesión entre la apacible quietud que domina el complejo de Wimbledon antes de que el torneo eche a volar.

