Hace años, los monoplazas de Ferrari volaban con la marca de tabaco Marlboro inscrita en su alerón trasero. Los atletas del equipo madrileño de Moratalaz competían con las rojas letras de la ginebra Larios sobre el pecho. Y uno de los equipos más señeros de la ACB de baloncesto se llamaba Ron Negrita Joventut. La ley que prohibió la publicidad del alcohol y el tabaco en el deporte acabó con una relación tan lucrativa como dudosa éticamente.

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