La neoyorquina Ana Álvarez es, a sus 25 años, la más experta de las nadadoras del equipo de natación sincronizada de Estados Unidos. El miércoles concluyó su rutina de la final de solo libre en los Mundiales de Budapest, y mientras los jueces le ponían una nota de 87.633 puntos, calificación que le valdría el séptimo puesto, ella se fue a pique. Llevaba varios segundos nadando sin respirar, completamente inconsciente, como un autómata que cumple con la interpretación muscular de un programa de ritmos y notas musicales. Cuando la melodía se terminó, su cerebro se desconectó completamente y sus brazos y sus piernas dejaron de empujarla hacia la superficie. Quien primero advirtió la disonancia fue Andrea Fuentes, su entrenadora, que al verla inerme en el fondo de la piscina se lanzó a rescatarla.

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