Reflejada en el espejo de la piscina del Danubio, Katalin Kovák, presidenta de Hungría y líder histórica del partido nacionalista Fidesz, proclamó este sábado que a los húngaros les gustan las “misiones imposibles”, y que la organización del Mundial de natación en cuatro meses había sido “una misión imposible”. El populista Viktor Orbán pretende sacar rédito político del campeonato que su gobierno presentó antes de que se celebraran las primeras finales de natación en línea, marcadas por la irrupción explosiva del francés Léon Marchand en la zona Phelps.

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