La guerra en el golf arde en los despachos. Mientras los mejores jugadores del mundo se baten en el US Open, el circuito estadounidense, el circuito europeo y la liga saudí estudian sus movimientos en el tablero. Las posiciones de partida están definidas: LIV Golf ha arrancado una serie de ocho torneos que repartirá 255 millones de dólares, una montaña de oro; el PGA Tour ha expulsado de sus competiciones a los rebeldes que han cambiado de bando; y el circuito europeo, aliado del americano, no ha abierto la boca. Tampoco los cuatro grandes, organizados por cuatro organismos diferentes y que por ahora no prohíben la participación a los disidentes.

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