Perú había decretado día de fiesta. No había colegios ni entidades públicas abiertas. El país esperaba celebrar por todo lo alto la clasificación para el Mundial de Qatar en el partido de repesca frente a Australia. La selección, sin embargo, perdió en los penaltis. Advíncula, uno de los futbolistas que falló desde los 11 metros, escondió la cabeza dentro de la camiseta y sus compañeros tuvieron que guiarlo como a un ciego hasta el vestuario. Su dolor era el reflejo de toda una nación.

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