El deporte profesional está sometido a emociones muy intensas. La motivación por competir dificulta el sueño, las dudas en el camino aparecen con fuerza, y la adrenalina recorre tu cuerpo de manera salvaje, de una forma difícil de imaginar fuera de la competición. El deportista vive un carrusel de sensaciones a lo largo de toda su carrera, y esa gestión interior es tan importante como cualquier táctica de juego.

