Juan de la Torre Sánchez, en las aulas y en el despacho; Xak, en la calle. Desde los 15 hasta los 29 así era la vida en Lucena (Córdoba) de uno de los deportistas españoles que probablemente participará dentro de 13 meses en los Juegos Olímpicos de París. Abogado en el despacho familiar y b-boy (practicante de break) en las aceras. Batallas nocturnas, desafíos, miradas y pasos. Molino. Americano. Six step. Rap. Funk. Breaks. Pleitos matinales. Fiscales bien armados. Leyes. Una contradicción imposible. Una elección. Una ruptura. Una lucha interior. “Sentía que una cosa me tiraba de un brazo y otra del otro y no estaba siendo yo”, dice. Habla Xak. Ganó Xak. Perdió Juan de la Torre. Ganaron el break y el deporte español. Xak es noveno del ránking mundial, medallista de bronce en el último Europeo, la primera medalla del break español. Dos rupturas. La personal, de Juan a Xak. La colectiva. El salto del break de los guetos desheredados del Bronx, de las escaleras rotas de Medellín, de los jóvenes sin esperanza, a los focos y al cypher (círculo de combate) aséptico de los Juegos Olímpicos, el brillo de las medallas en desafíos 1vs1 (uno contra uno). La rebeldía, asimilada, engullida por el sistema, que engorda. Xak tiene 36 años. Tiene un mensaje: “Hay vida después de los 35. A veces pienso que somos superhéroes, parece que tenemos superpoderes”, proclama una semana antes de competir el 26 en Nowy Sącz (Cracovia) en los European Games, clasificatorios para París 2024.

