La conquista de la Eurocopa en 2021 bajo la dirección de Roberto Mancini alivió la profunda depresión que carcomía al fútbol italiano, cabizbajo por la pérdida de pujanza económica y deportiva de sus clubes y por la deshonra que supuso la ausencia del Mundial de Rusia 2018. Aquel triunfo ante Inglaterra en Wembley pareció marcar un punto de inflexión. El seleccionador Roberto Mancini fue entronizado como uno de los guías hacia el nuevo paradigma que marcan las transiciones rápidas, la presión alta y la salida del balón desde atrás con el juego de pies del portero. Sin embargo, la segunda ausencia consecutiva en una Copa del Mundo, tras no clasificarse para la de Qatar, devolvieron al calcio y a la selección Azzurra a la cruda realidad y al diván.

