Una carrera en profundidad de Bernardo Silva rompió la monotonía en el ataque del City, cuando mediaba la segunda parte de un partido espeso como gelatina. Akanji le dio el pase y el portugués pasó atrás para que Rodri metiera el gol más importante de la historia del club más modesto de Mánchester: 1-0. La carga de dinamita que derribó el muro maldito y permitió a Guardiola conquistar su primera Champions lejos del Barça, su título número 35 en 15 temporadas y, probablemente, el más sufrido. El que le hizo traspasar el umbral que ningún entrenador ha cruzado: construir dos equipos legendarios en dos países.

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