Jugar de manera poco ortodoxa frente a una máquina suele ser una mala idea porque el rival inhumano detectará objetivamente los inconvenientes de ese enfoque. Por el contrario, esa estrategia puede ser muy eficaz frente a un adversario de carne y hueso, quien, sorprendido, puede verse impelido a reaccionar con demasiada impulsividad, por el ansia de castigar la heterodoxia.

