La historia va de competir, de fe, de convicción, de no bajar nunca los brazos. De creer. Y en estas triunfa Beatriz Haddad-Maia, aunque el elogio debe hacerse extensible a Sara Sorribes, que redondea un regreso con mayúsculas, seguramente impensable porque hace no tanto caminaba sobre muletas y lloraba porque había perdido la ilusión. Fractura de escafoides, medio año de baja; demasiadas vueltas al coco en casa y, por momentos, la sensación de haberse desencantado. Nada de eso. Nadie contaba con ella, la 124ª de la WTA, presente en París gracias al ranking protegido. Pero sí, aquí está. Cae este lunes en un soberbio maratón de 3h 51m, el tercero (femenino) más largo en la historia de Roland Garros, pero cierra la aventura con un magnífico sabor de boca. Duele, pero se pasará: 6-7(3), 6-3 y 7-5. Pesa más la cuestión de fondo: Sorribes sigue vivita y coleando.

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