La final de la NBA regresó a Boston 12 años después de la última vez y los Celtics no defraudaron a su afición, que abarrotó el TD Garden y transformó tan larga espera en una vociferante fiesta. Tras dos encuentros en San Francisco, los locales desempataron (2-1) contra los Golden State Warriors en un partido (116-100) que fue suyo casi siempre, salvo, oh, sorpresa, durante el tercer cuarto, en el que Stephen Curry, base de los Warriors, estuvo a punto de fastidiar la fiesta de bienvenida.

