Aunque Saras Jasikevicius se desgañitaba en la banda al son de sus exagerados aspavientos, se secaba la cara con una toalla al más puro estilo Nadal y tenía la camiseta empapada de sudor, pronto se vio que su Barcelona no iba a conceder tanto como en el segundo duelo, cuando el Joventut igualó la serie, ahora desequilibrada en favor de los azulgrana. Mérito de Higgins y Mirotic, al punto de que su equipo necesita un triunfo en uno de los dos próximos envites para alcanzar la final, donde aguarda el Madrid.

