«Estoy en mi casa, que no es poco y la suerte es que puedo contarlo. Ha sido lo peor que me ha pasado en mi vida». <strong>Carlos Soria (Ávila, 1939) nos recibe en su casa de Moralzarzal postrado en la cama de la que no se mueve por una fractura de tibia</strong> que se produjo cuando ya veía de cerca la cima del Dhaulagiri. A los 84 años y cuando iba camino de su decimotercer ochomil, Soria conoció la cara más amarga de la montaña: «Salté por los aires arrastrado por un sherpa que se cayó. Lo peor no fue que me rompiera la tibia sino cuando me dijeron que el helicóptero no podía subir a rescatarnos. Había que bajar y no me entraba en la cabeza…».

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