Hasta el mismísimo Pelé sufrió esa lacra tóxica desde que era un adolescente recién llegado al Santos. Antes de convertirse en un mito planetario le apodaban despectivamente “Gasolina” por su tono de piel. “Si hubiesen tenido que parar cada partido en el que alguien me llamó ‘macaco’ habrían tenido que interrumpir todos los que jugué”, solía decir. En los albores del siglo XX, el fútbol en Brasil era un incipiente fenómeno elitista vetado a los negros. Pasaría tiempo hasta que “el pueblo descubrió de repente que el fútbol debería ser de todos los colores, fútbol sin clases, todos mezclados, bien brasileño”, como escribió en 1947 el insigne periodista Mario Filho en su libro El negro en el fútbol brasileño, un clásico de la literatura nacional.

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