<strong>A las 19.58 horas del domingo 21 de mayo</strong>, Vinicius paró el partido entre <strong>Valencia y el Real Madrid</strong> harto de los insultos racistas y el fútbol español empezó a cambiar. Un antes y un después en LaLiga y en nuestro país, donde nunca se había actuado con dureza ante ataques de esta índole. Como si en un campo de fútbol valiera todo, todas las denuncias interpuestas por LaLiga habían sido archivadas por la Fiscalía, hasta que el futbolista brasileño, harto de aguantar un trato «inhumano», dijo basta y se encaró con el aficionado que le había insultado. Dispuesto a llegar hasta el final, amenazó con irse del campo y tras el encuentro se erigió en la imagen del cambio y de la lucha. «Mientras el color de la piel sea más importante que el brillo de los ojos, habrá guerra», lleva tatuado Vinicius en la piel, el mismo mensaje que mostró Raphinha al final del encuentro ante el Valladolid.

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