A mediodía del jueves, antes de que Rafael Nadal se expresara, un allegado al tenista deslizaba a este periódico lo que el propio deportista confirmaría cuatro horas después: “Lo ha intentado por todos los medios, pero las pruebas no terminaban de salir; un día iba bien, pero al siguiente no se encontraba del todo fino y retrocedía, las maniobras o los golpes no le salían, no terminaba de encontrarse cómodo… De modo que así no podía ser. A estas alturas de su carrera, un jugador de su envergadura no puede permitirse el lujo de ir a un sitio como Roland Garros para pasar dos o tres rondas nada más, así que la opción más sensata es no ir a París; a partir de ahí, luego hablará, y ya veremos cómo queda la cosa…”.

