Jose Mourinho llega a su sexta final europea como entrenador. Ganó las cinco anteriores (perdió tres Supercopas), entre ellas dos Champions y ahora opta a su tercera Europa League, competición que ya alzó con Oporto y Manchester United y a la que oposita en esta ocasión con la Roma, que hizo un alarde de oficio en su visita al Bayer Leverkusen para validar la mínima ventaja que había obtenido en el partido de ida. Le sobró al equipo romano, que convirtió el partido en un campo de minas. El equipo alemán las pisó todas, una detrás de otra. Por más que Xabi Alonso se desgañitase en la banda o esgrimiese maniobras tácticas, la Roma fue tan compacta como el pedernal, detuvo la liza, le quitó ritmo, se plegó y hasta llamó a la fortuna para aguantar el arreón final del Leverkusen. Todo acabó sin goles y con Mourinho exultante.

