Comenzó de mala manera el PGA Championship, pues el frío y las heladas en la localidad vecina de Nueva York, Rochester, hicieron que se retrasara la salida cerca de dos horas. Pero la mañana, soleada y sin un viento gallardo -que era uno de los mayores miedos de los golfistas-, ofreció un día estupendo de golf. No lo fue, raro en él, para el último ganador del Masters. “¡Para España, Jon Rahm!”, anunció un tanto parco el speaker desde el tee del 10, acompañado, eso sí, por sonoros aplausos porque el León de Barrika se ha ganado a la gente por su habilidad con los palos en los campos y su carisma fuera de ellos. Los vítores, para su infortunio, apenas se repetirían en una jornada aciaga para él (+6) en la que su gran rival del curso y némesis, el único que le puede sisar el número uno, el norteamericano Scottie Scheffler, selló un -3 para ponerse segundo en casa club, por más que todavía quedaban bastantes jugadores por concluir la ronda. El honor del liderato recayó en el renacido Bryson DeChambeau (-4), que revolucionó en su momento el golf porque hace todos los golpes con el mismo movimiento, porque decidió muscularse para pegarle más fuerte y ahora, ya en el LIV, está volviendo a su peso y quizá a su gran juego.

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