El Barça jugó como se espera de un campeón en la primera parte del derbi con el Espanyol y celebró la victoria con una inevitable emoción, mal entendida por la gentuza que saltó al campo y obligó a los jugadores a salir disparados hacia el túnel de vestuarios, protegidos en la bocana por los mossos y los guardias de seguridad. No hubo provocación ni nada parecido, sólo el festejo de un equipo no hace tanto ganaba el campeonato con una regularidad casi rutinaria. Nada que ver la felicidad de los jugadores con la famosa imagen de Gerard Piqué en 2019, indicando con los dedos de la mano los títulos —ocho desde 2009— que habían logrado ante lo que interpretaba como un acto de indiferencia de los aficionados.

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