El ajedrez por correspondencia sigue existiendo hoy, pero es muy distinto al de hace solo 30 años. Entonces se buscaba un ajedrez de muy alta calidad, fruto de innumerables horas de análisis, muchas veces compartido con amigos o compañeros de equipo. Ahora se busca la perfección porque los jugadores humanos se limitan a elegir entre las recomendaciones de monstruos de silicio que calculan millones de movimientos por segundo. Entonces, por correo postal, las partidas duraban años; ahora, por correo electrónico, semanas o pocos meses.

