El escritor y periodista Dino Buzzati imaginó el Desierto de los Tártaros entre 1933 y 1939, los años que pasó en la redacción del Corriere della Sera. La rutina nocturna, áspera y monótona agrietaba sus sueños. Pasaba el tiempo e, inevitablemente, se preguntaba si siempre iba a ser así. Si las inquietudes de juventud, la esperanza y la ambición por lograr grandes empresas sucumbirían a la inutilidad. Algo parecido a lo que sufría el protagonista de su novela, el segundo teniente Giovanni Drogo, destinado a la fortaleza Bastiani, que debía proteger de un enemigo casi imaginario a la espera de la “gran ocasión” para demostrar su valor. Esa ausencia le alejaba cada vez más del mundo, de su propia naturaleza. Y cuando vuelve a su casa de permiso, ya es un hombre alienado incapaz de comprender su entorno.

