Manuel Merillas, el leonés que descansa cuando hace buen tiempo y entrena cuando hace malo, cumplió a la séptima con su tío y le dio la txapela de las txapelas. El trono vacante de la Zegama-Aizkorri, con Kilian Jornet –diez veces ganador– en Nepal, lo ocupó un ermitaño de La Cueta, un pueblo de apenas ocho habitantes, al que recibió en meta Zar, su perro, que entendió con su sacudida lo que aquello significaba. Fue su mañana, volando entre la niebla, su paraíso. Así logró a los 32 años la victoria más prestigiosa de su carrera –y hablamos de un campeón del mundo– en la maratón por montaña fetiche (42.195 metros con 2.736 metros de desnivel positivo) tras tres horas, 42 minutos y un segundo.

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