Juan Carlos tripula su silla eléctrica con precisión por el hall del hotel Intercontinental. La ELA avanza por su cuerpo pero no por su privilegiada cabeza. Sigue activo y lúcido. Tanto que acaba de estrenar un documental sobre la enfermedad. La suya y la de los que él llama «mi equipo». Su testimonio y la película son estremecedores.

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