Cae Carlos Alcaraz, fruto de la felicidad. Se desploma sobre la tierra y se toca la sien, diciendo que ahí está la clave, que además de fantasía hay una mentalidad de granito y que si ha logrado resistir al embate de Jan-Lennard Struff en la final ha sido gracias a la primera de esas tres ces que pregonan él y su abuelo. Esta vez, cabeza, cabeza y más cabeza: 6-4, 3-6 y 6-3 (en 2h 25m). Ha sido un torneo de pico y pala. Brillos, sí, pero la misma dosis de faena. Le rodea de nuevo el confeti, coronado otra vez en la Caja Mágica y todavía más elevado sobre el resto. La historia se repite. Se enfrentaba el de El Palmar a un desafío histórico, puesto que Rafael Nadal era hasta ahora el único tenista capaz de revalidar el título en la Caja Mágica, y dio buena cuenta del reto. Ahora son dos y él, la sensación de 20 añitos, se erige sin medianías como firme candidato al título de Roland Garros.

