Para David García, el primer rojillo convocado con la selección española en 12 años, lo que este sábado desembarcó en Sevilla no era un equipo, ni siquiera una ciudad, sino un pueblo llamado por la historia: lograr el primer título de Osasuna. “Como buenos navarros, no le tenemos miedo a nada ni a nadie que se nos ponga por delante”, proclamó el capitán navarro, inflamado por el acontecimiento y la marabunta sanferminera que cruzó la península de arriba abajo y que durante gran parte del fin de semana hizo dudar si en la capital andaluza se iba a jugar una final de Copa o se había adelantado el chupinazo. Quizás, porque para ese pueblo al que apelaba David García, toda cita festiva termina resumiéndose en calle, cerveza y Riau-Riau, la marcha que abrió la noche en la grada navarra, que previamente había pitado el himno de España de forma mayoritaria.

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