Pese a que Rafael Nadal insista en que ni los registros ni las estadísticas le quitan el sueño, él, competidor voraz y hombre de muy buena memoria, jamás ha perdido de vista los números. Rara es la vez que no recuerda una cifra señalada, que no revisa la hoja de datos del partido antes de charlar con los periodistas o, dado el caso, corregirlos educadamente si hay un desliz en la pregunta. Dice el balear, 36 años, que él no piensa en el gran pulso histórico con Roger Federer y Novak Djokovic, que su carrera será lo que será independientemente de que gane más o menos grandes que el suizo o el serbio, pero las gráficas se empeñan en recordarle de dónde venía, cuánto gana y qué lugar ocupa. Victoria tras otra y título tras título.

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