Levantar el título, ese es el final del camino. Al menos el soñado cuando arrancas cualquier tipo de competición. En el caso de nuestra Copa del Rey la prioridad no suele estar en acabar levantándola. Casi para ningún equipo. Es el camino, que empieza en campos de barro y césped artificial, o al menos así debería ser, el que acaba poniendo en su sitio a los que mañana serán protagonistas de la gran fiesta de nuestro fútbol.

