La historia engrandece a los equipos, pero también es capaz de jibarizar a clubes que no lograron pasarle la cuenta a tiempo. El Nápoles, leyenda del fútbol, club ciclotímico por naturaleza y orgullo del sur de Italia ante la arrogancia industrial del norte, fue condenado 33 años y tres días a ese cruel destino. Habían pasado ya más de tres décadas desde que un argentino bajito y genial condujo al club hacia el segundo scudetto consecutivo en un capítulo inigualable de su historia. Pero, desde entonces, solo hubo problemas, crisis, derrotas y una quiebra que estuvo a punto de enterrarlo para siempre. Fue así hasta 2004, cuando lo compró el productor de cine Aurelio de Laurentiis, cambió el destino de un club atrapado por su pasado y terminó este jueves pasando página de una historia escrita con sangre por Diego Armando Maradona, patrón oficioso de la ciudad, con permiso de San Gennaro.

