Fiel siempre a la tradición, Rafael Nadal accede a la sala de conferencias con un doble brinco que le permite acceder a la peana desde la que departe con los periodistas. Se lleva una ovación, corresponde con un thank you y en cuanto toma asiento empieza a apurar una botella de litro y medio de agua a la que después de media hora de charla solo le queda un dedo de líquido. Habla el mallorquín después de días y semanas de especulación y rumorología, aunque previamente ya ha resuelto el gran enigma sobre la pista, durante la ceremonia final: “Voy a seguir intentándolo”. Hasta donde se lo permita el pie izquierdo, ese escafoides que en 2004 se partió por la mitad en Estoril y dejó sobre el alambre una de las carreras más extraordinarias de la historia del deporte, Nadal seguirá compitiendo.

