Lágrimas, esa fue la primera respuesta. Ante la euforia generalizada, Rafael Nadal miró a la grada, allí donde se encontraba todo su equipo, y rompió a llorar desconsolado tras un revés a la línea que certificó su decimocuarto Roland Garros. Historia viva del tenis. Historia viva del deporte. El español, muy superior a Casper Ruud en todo momento (6-3, 6-3, 6-0), arrolló en una final sin historia al noruego para cerrar en menos de dos horas y media su 22º Grand Slam, dos más que Novak Djokovic y Roger Federer, inmediatos perseguidores.

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