Liberty convierte en oro todo aquello que toca o, al menos, esa es la sensación que uno tiene en los últimos dos años, en los que esta compañía de entretenimiento norteamericana le ha dado la vuelta al Mundial de Fórmula 1 hasta convertir los grandes premios en una especie de producto aspiracional; eventos a los que hay que ir sí o sí, independientemente del gusto que se pueda tener por las carreras. En su afán por seducir a la gente que aún no se ha enganchado al campeonato, el promotor del certamen sacudió el formato un poco más. Y reformuló la apuesta para esos fines de semana, seis, en los que además de la carrera del domingo también se celebra una prueba una corta, al esprint. Este replanteamiento no pudo tener un estreno más sonado que el que se vio este viernes en Azerbaiyán, el mejor escenario posible para la resurrección de Ferrari. Veremos si el renacimiento de ‘Il Cavallino Rampante’ es permanente o pasajero, bienvenido en cualquier caso por una hinchada que empieza a inquietarse por el dominio de Red Bull.

