Carlos Alcaraz se aproxima lentamente por una zona reservada de la Caja Mágica hasta que acaba envuelto por medio centenar de reporteros. A un costado, la encargada de la ATP de oficiar el encuentro y al otro, su inseparable agente, el hombre que moldea el esplendoroso presente del tenista y su jugoso porvenir. El murciano aterriza en Madrid después de lograr su segundo trofeo en Barcelona y durante las dos próximas semanas ejercerá la defensa del título logrado hace un año, con la posibilidad de regresar a lo más alto del ranking si vuelve a triunfar en el barrio de San Fermín y después desfila por Roma.

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