Fue anteayer. Esperaba mi turno en la panadería, donde se había formado una larga cola de clientes que aprovechaban el sábado por la mañana para comprar el pan y la prensa. La fila avanzaba lentamente. Yo leía en el móvil una nota en la que se glosaba la figura de Mikel Balenziaga, quien dos días antes había anunciado que, tras 15 años de rojiblanco, no seguirá en el Athletic Club a final de temporada. En esa nota se recogían las palabras de Ernesto Valverde destacando el sentido de pertenencia al grupo de Balenziaga, “su empuje, nivel de concentración, fortaleza mental y empatía con el resto del equipo”. Justo en el momento en que leía esto, la persona que estaba delante de mí en la fila, un hombre mayor, pidió 11 barras de pan. Quizá no fueron 11, sino 10 o 12 Quizá fui yo quien quise oír 11. El caso es que fueron muchas, tantas que la panadera le extendió un saco de papel marrón y grueso donde fue metiendo las barras una a una.

