Entre las costumbres del Real Madrid en esta época está la de presentarse en la semifinal de la Champions, tanto da si lo hace con la agonía milagrera del curso pasado, con la seguridad con la que se deshizo del Liverpool en octavos y con la que solventó la ida de cuartos contra el Chelsea, o agazapado mientras los ingleses le buscaban las vueltas en Stamford Bridge. Da igual. Ya está en semifinales, a la espera de si el Manchester City recoge en Múnich lo que sembró con el 3-0 en casa y vuelven a verse en el escalón anterior a la final. Como el año pasado. También como entonces, apareció Rodrygo para desatascar un encuentro contra el Chelsea, de nuevo el enamoramiento del brasileño y la Copa de Europa para impulsar al Madrid.

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