Las noches de verano en Santa Pola siempre tenían un partido de pretemporada de fondo. Entrábamos y salíamos de la terraza con un vaso de Coca-cola y un bocadillo de salchicha en un plato, intentando no tropezarnos con el cable de la antena y el carrito de la tele, que movíamos para poder verla desde fuera mientras el ruido de alguna Variant trucada ametrallaba la calle. Aquel verano, sin embargo, aterrizó un marciano llegado de un planeta llamado Eindhoven para modificar la genética emocional de esas alturas del año. La noche del 25 de agosto de 1996, en el minuto 75 de la ida de la Supercopa en Montjuic contra el Atlético de Madrid, Ronaldo Nazario De Lima le quebró la cintura a Delfí Geli, que descubrió en su cuerpo los efectos de las leyes de la electromagnética. Y no nos dimos cuenta, pero mientras soñábamos con aquel movimiento sin sentido y tratábamos de repetirlo al día siguiente en la playa, avanzaba ya una extraña revolución en el cerebro de los niños.

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