Que el juego del <strong>Real Madrid</strong> depende mucho de <strong>Tavares </strong>es una obviedad. El gigante es <strong>el jugador más determinante de Europa</strong>, una magnífica noticia para lo blancos que se transforma en trágica cuando tiene <strong>problemas de faltas o llega físicamente agotado</strong>. Y esas dos variables se cumplieron en el Palau. <strong>Sin Poirier</strong>, convaleciente de una apendicitis, el pívot lleva tiempo redoblando sus esfuerzos, y <strong>si encima los árbitros le echan el lazo en cada contacto </strong>-sin motivo en algún caso-, su impronta se diluye. <strong>Mientras él estuvo en cancha el Madrid dominó (28-35, min 15),</strong> pero en cuanto empezaron a caerle las faltas <strong>el Barça impuso su poderío físico</strong> para romper el partido y llevarse un triunfo <strong>(97-82) </strong>que le aúpa al liderato tras la derrota del <strong>Baskonia </strong>en Tenerife.

