El Sevilla, el rey de la Liga Europa, ofreció un capítulo más y ciertamente inesperado en su idilio con su competición preferida. Después de que el Manchester United le superara en la primera mitad de manera amplia, el Sevilla igualó un 0-2 en contra en el tramo final del choque gracias a su fe, a lo mal que gestionó el United el segundo tiempo y a dos goles muy afortunados provocados por Navas y En-Nesyri, autores intelectuales de ese empate por bien que los tantos les fueran asignados a Malacia y a Maguire en propia puerta. El fútbol, algunas veces, ofrece situaciones que superan cualquier análisis. El Sevilla, un desastre en la primera mitad, escapó muy vivo de un estadio mítico como Old Trafford. Cuando lo tenía todo perdido tras haber sido superado de manera evidente, la mística que tiene este equipo en esta competición salió a relucir con un empate en el alargue que le da mucha vida. José Luis Mendilibar supo rectificar a tiempo su débil planteamiento en el primer acto y luego la fortuna le sonrió en los minutos finales. El United, que gozó de varias ocasiones con el 2-0, decidió pararse y esperar a un rival que parecía muerto. No contó con la épica de un equipo que siente como suya una competición en la que jamás se rinde.

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