Primero sobrevivió, después golpeó y, al fin, resistió el Milán para ganar al Nápoles y acercarse a unas semifinales de Champions que no juega desde 2007, cuando alzó su última orejona. Lejos de aquel nivel, el equipo se envolvió en oficio para crecer en un partido que le obligó a sufrir. Si hay que estrenarse en los cuartos de final de la máxima competición continental que sea con las herramientas que mostró el Nápoles nada más salir al campo, valiente, con personalidad y mando, sin retóricas, ajustado para presionar al Milán en tres cuartos de campo y buscar un gol que no llegó.

