Hay empates que saben a victoria. Como el de Liren Ding con las piezas negras frente Ian Niepómniashi en la tercera partida del Mundial de Astaná (Kazajistán) tras perder la segunda el lunes, muy deprimido. En menos de 48 horas, el chino se ha transfigurado: ahora sonríe sin esfuerzo, está casi siempre en el escenario y no en el camerino, y juega mucho mejor. Este jueves tendrá la iniciativa de las blancas en la cuarta de las 14 previstas con el marcador en contra por 1-2 y dos millones de euros en juego (el 60% para el vencedor).

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