En dirección a la red, hacia al cordial saludo, Djokovic sonríe, infla los carrillos y suelta un profundo suspiro de alivio. “¡Uf!”, resopla el número uno mientras su rival, Ivan Gakhov, le agarra el lomo de forma cómplice y le dedica: “Eres el mejor, Novak, ojalá pueda jugar muchos más partidos contra ti”. El deseo del ruso, un tenista engañoso que ocupa el 198º puesto del ranking y que hasta hace unos días jamás había ganado un partido en el circuito de la ATP, seguramente contraste con el del balcánico, exigido de principio a fin en su estreno en el Masters 1000 de Montecarlo. Ha vencido Nole, pero ha sudado. Vaya que sí ha sudado: 7-6(5) y 6-2. Agridulce poso, el que le ha dejado su primer adversario –procedente de la fase clasificatoria– en esta apertura en el Principado.

