Habla Rafael Nadal a las claras, después de apurar un último trago de agua y respondiendo a la pregunta que cierra una rueda de prensa que ha transcurrido bajo un tono lúgubre. Si tuviera que elegir entre ganar mañana su decimocuarto Roland Garros, su vigésimo segundo grande, o bien frotar la lámpara y que el genio le concediera un deseo en forma de nuevo pie, ¿con qué se quedaría?

